Esta semana ha sido la más “random” que he tenido.

Lunes de Londres, martes de Amsterdam, jueves ciudad de México y Rogue One, viernes  amigos invisibles, sábado de boda y domingo en Puebla.

Estoy más que agradecida por haber vivido lo que viví, porque las cosas se hayan dado de la forma en que se dieron. Y es que estando a miles de kilómetros me di cuenta de muchas, una de ellas es la facilidad con la que una se puede ir, y desconectarse, olvidar… hacerse a un lado. Y sentirse libre y plena… y es que absolutamente nada me preocupaba, bueno… mentira, sí… me preocupaba alcanzar a ver todo lo que tenía que ver antes de que cayera la noche, tipo 3 pm… eso me parecía un reto.

Al final uno terminará haciendo lo que desea hacer, no hay horas para comer, para desayunar, despertar o salir a bailar. Creo que todos tenemos un tiempo, y si quieres dormir en vez de comer, está bien.

Estando en Londres rompí mi record en correr… y es que desde que volví, no había pasado de correr 10 kilómetros. ¡Corrí 15! ¡Sí! ¡15 kilómetros! Recuerdo esa sensación de plenitud, de fascinación por descubrir la ciudad con mis tenis… de querer seguir. Probablemente sea uno de los contados momentos en los que he sentido esa plenitud.

Gracias, gracias, gracias.

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Cafeteria en Amsterdám, donde tomé un capuchino y comí pan francés.

De Wasserette.

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