Podría haber deseado que la noche de anoche no terminara. Sentía esa plenitud de ser yo, con alguien.

Estábamos sentados en tu sillón, me abrazabas… mientras escuchábamos a Sharon Jones. De pronto comprendí que no te tenía, que no nos pertenecíamos, y estaba bien. Te acepté como eres, y me acepte como soy, entendí que nuestra permanencia es voluntaria, no tenemos títulos ni contratos de por medio, estamos porque queremos estar, y somos lo que queremos ser. Me di cuenta que a pesar de las muchas veces que intenté correr, ahí estaba (como ya muchos días ya) sentada a tu lado, disfrutando de tu compañía y tus bromas a veces poco graciosas pero con la intención de hacerme sonreír. De pronto una lágrima apareció, y es que no pude evitar sentirme agradecida por lo que hemos vivido y con temor de no saber cuando terminará esto. Lo impresionante fue que de forma rápida entendí… Que ahí estábamos, un par de locos que huyen… sonriendo y juntos.

Más días de estos improvisados… más días con ganas de vernos, y de hacerlo real.

PD. Te veo porque te quiero.

(No me digas “ven”, y ven)

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