Pasó de nuevo, sentirme en otro canal; sentir que soy la que vive en el cuento de hadas, y no estar en el mismo cuento que la otra persona.

Siento que no somos dos. Pidió que aplazáramos lo que tal vez podría pasar.

No soy de las que aplaza las cosas, soy de las que confía y se avienta. Soy de las que cree que todo funcionará, que no hay por qué pensar tanto las cosas. Creo y ya. Y si quiero algo voy por ello, si creo en algo, me entrego.

Hoy fue de esos días con altas y bajas, en los que te caen veintes. Tal vez tenía que suceder de esta manera, entender que es buen momento de cambiar el rumbo. De simplemente dejar que las cosas dejen de ser. Aceptar que las cosas no sean… de soltar.

Hoy no quiero nada, no quiero que duelas, quiero que me sueltes, quiero que te vayas, quiero irme, quiero que te decidas.

Quisiera que quisieras lo mismo que yo.

Duele que no seas.

Una no puede convencer a alguien que no quiere creer que las cosas pueden ser.

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A medias, nada.

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