Me suena, estos días he criticado mucho eso. Soy de las que piensan que las cosas duran lo que tienen que durar, no hay segundas partes buenas o mejores que la primera.

Pienso que si no funcionó, es por algo. La gente no cambia, al final tenemos la misma esencia siempre, y lo que no nos parecía, seguirá no pareciéndonos; podremos hacernos más tolerantes, pero al final ahí está la molestia.

Regresar con un ex es lo mismo que volver a usar esos zapatos que te encantaban, que dejaste de usar, y olvidaste por qué.

Al usarlos de nuevo, podrás recibir algunos halagos porque te quedan bien y sentirte “cómoda”, pero conforme pasa el tiempo, descubres cuál fue el motivo por el cual dejaste de usarlos, no son cómodos, te lastiman y complican caminar con naturalidad, dejándote marcada para los próximos, igual; no podrás usar nuevamente otros zapatos hasta que no sanen las ámpulas que ya dejaron los anteriores (ex).

Prefiero estrenar zapatos, que no me dejen marcas, que mis pies se adapten a ellos y ellos a mi. Que sean cómodos y bonitos, que disfrute caminar con ellos, que podamos caminar juntos. Indudablemente se me saldrán, o me los quitaré para poder caminar descalza, o tendré que ponerme curitas.

No tengo ningún lazo con algún ex, los zapatos que me lastiman los regalo, muy probablemente a alguien le queden bien.

A esto, le llamo “soltar”.

Me siento libre.

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