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Soy Diseñorita

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Y si…

Estos días he compartido el tiempo con varias personas, y lo curioso de esto es que ninguna de ellas miraba el celular.

Noté que por desgracia estoy tan familiarizada a que todos tengan a la mano el móvil. El decir: “permíteme, deja respondo un mensaje”, es normal. Cuando lo normal debería ser estar presente… y no tener distracciones. ¿No?

Una vez mi mamá me dijo, el internet te acerca de las personas que están lejos, pero te aleja de las que están cerca, y ya lo creo así.

¿Y si hacemos a un lado el celular? ¿Y si estamos más cerca con las personas que están cerca?

¿Y si estamos?

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¿Regresar con un ex?

Me suena, estos días he criticado mucho eso. Soy de las que piensan que las cosas duran lo que tienen que durar, no hay segundas partes buenas o mejores que la primera.

Pienso que si no funcionó, es por algo. La gente no cambia, al final tenemos la misma esencia siempre, y lo que no nos parecía, seguirá no pareciéndonos; podremos hacernos más tolerantes, pero al final ahí está la molestia.

Regresar con un ex es lo mismo que volver a usar esos zapatos que te encantaban, que dejaste de usar, y olvidaste por qué.

Al usarlos de nuevo, podrás recibir algunos halagos porque te quedan bien y sentirte “cómoda”, pero conforme pasa el tiempo, descubres cuál fue el motivo por el cual dejaste de usarlos, no son cómodos, te lastiman y complican caminar con naturalidad, dejándote marcada para los próximos, igual; no podrás usar nuevamente otros zapatos hasta que no sanen las ámpulas que ya dejaron los anteriores (ex).

Prefiero estrenar zapatos, que no me dejen marcas, que mis pies se adapten a ellos y ellos a mi. Que sean cómodos y bonitos, que disfrute caminar con ellos, que podamos caminar juntos. Indudablemente se me saldrán, o me los quitaré para poder caminar descalza, o tendré que ponerme curitas.

No tengo ningún lazo con algún ex, los zapatos que me lastiman los regalo, muy probablemente a alguien le queden bien.

A esto, le llamo “soltar”.

Me siento libre.

¿Malinalco?

He notado que siempre que me siento mal tiendo a escribir, y logro hacerme sentir mejor. Pero desgraciadamente cuando me siento feliz no lo escribo, me enfoco en la emoción, y ya; pero ¿qué pasa si mejor lo comparto?

Tuve un fin de semana algo extraño, decidimos huir de la ciudad… Sin tener reservación en algún hotel, o el plan super bien aterrizado. Pasamos a llenar el tanque de mi auto, y nos fuimos. Maneje con poca luz, lluvia, y mucho granizo, la carretera era blanca, sentí libertad, me sentí acompañada. Fue la primera vez que viajamos juntos, después de tanto querer y no poderlo hacer, fluímos, y el resultado fue increíble, caminamos mucho, comimos igual, y dormimos más. Nos despertamos a las 4am, para poder apreciar la lluvia de estrellas, y lo logramos; estuvimos 1 hr bajo el cielo viendo estrellas fugaces pasar.

Me desconecté de todo, me reconecté, nos conectamos.

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Querer de más y hacer lo que dijiste que no harías.

Pasó de nuevo, sentirme en otro canal; sentir que soy la que vive en el cuento de hadas, y no estar en el mismo cuento que la otra persona.

Siento que no somos dos. Pidió que aplazáramos lo que tal vez podría pasar.

No soy de las que aplaza las cosas, soy de las que confía y se avienta. Soy de las que cree que todo funcionará, que no hay por qué pensar tanto las cosas. Creo y ya. Y si quiero algo voy por ello, si creo en algo, me entrego.

Hoy fue de esos días con altas y bajas, en los que te caen veintes. Tal vez tenía que suceder de esta manera, entender que es buen momento de cambiar el rumbo. De simplemente dejar que las cosas dejen de ser. Aceptar que las cosas no sean… de soltar.

Hoy no quiero nada, no quiero que duelas, quiero que me sueltes, quiero que te vayas, quiero irme, quiero que te decidas.

Quisiera que quisieras lo mismo que yo.

Duele que no seas.

Una no puede convencer a alguien que no quiere creer que las cosas pueden ser.

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A medias, nada.

Amigos y distancia.

Hablaba con Rodrigo acerca de los mejores amigos, y las distancias que podrían haber entre ellos, y me di cuenta que no frecuento a mis mejores amigos, Rebe vive en Guadalajara, es mi mejor amiga, en algunas temporadas hablamos prácticamente diario, y en otras hemos dejado de hablar semanas. Y aunque Guadalajara no está tan lejos, nos es difícil coincidir. Pero creo que lo importante en nuestra relación es que siempre nos deseamos lo bonito, nuestras pláticas son siempre de cosas positivas, podemos ser nosotras mismas sin máscaras, y seguimos queriéndonos y apoyándonos. ¿Saben cuanto tiempo la conocí para volvernos mejores amigas? Un par de meses. ¡Taraaaaaán! Son cosas que suceden, y no sabemos por qué. Pero hubo algo que nos mantuvo unidas, aún cuando yo me mudé de Guadalajara.

El otro mejor amigo, que casi dejó de ser mejor amigo, es Jesús. Apenas nos vimos el fin de semana, y me di cuenta que puedo hablar con él sin palabras, que sonreímos y nos entendemos. Que no está padre la distancia que tenemos, (esta no tiene que ver con kilómetros) pero que las cosas son como tienen que ser. Se me ocurrió subir un video a Instagram, nos extrañé.

Y tengo uno que me ve prácticamente diario, que todo el tiempo estamos hablando, trabajamos juntos, y justo hoy, salimos tarde, y antes de llegar a casa le marqué para platicarle algo que se me había ocurrido, colgamos… Y luego apliqué el FaceTime, para que viera a la intensa de mi gatita. Despierto y lo primero que hago es mandarle memes, o compartirle recetas de cocina, no sé. ¡Estamos! Hemos pasado semanas enteras juntos, y lo más increíble es que a pesar de todo, SEGUIMOS Fer.

La distancia me hace valorar todo. Me hace sentirme agradecida por las personas que siguen en mi vida, acompañándome y permitiéndome acompañarlas. Sé que tengo muchos amigos, que no veo. No soy de frecuentar tanto, me parece que me dedico a mi vida y no busco coincidir, dejo que las cosas sean, y cuando se dan… las disfruto.

No es complicado, sólo es. Seamos pandas felices.

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#LoveIsLove

Tenía 20 años y recuerdo que algo me sucedía y no entendía qué… ya había salido de la universidad y apenas comenzaba a usar Facebook… había agregado a muchas personas que creía conocer.

Un día le escribí a una chica y le pregunté quién era (como había cambiado su foto de perfil no tenía ni idea)… y me respondió, “tú me agregaste.” Fue así como comencé a hablar con ella… resulta que ella estudió comunicación en la misma escuela que yo, llegamos a coincidir algunas veces, recuerdo haberla visto y “me llamaba la atención”, no sabía por qué, o qué era lo que yo sentía, pero lo sentía.

Un día me invitó al cine, y salimos. No recuerdo qué película vimos, pero sí que era muy amable y olía a fresa. Se ofreció a acompañarme a casa en camión. Y sé que justo poco antes de llegar me preguntó: ¿cuánto falta?, le respondí que 5 minutos aproximadamente… y fue entonces cuando decidió besarme. Recuerdo que al principio me quedé congelada, no sabía qué hacer… después supongo que le hice caso a mi corazón y la besé. Me tomó de la mano… nos bajamos del camión… y caminamos hacia mi casa. Se la presenté a mi mamá… fue amable con ella, todo en orden.

Comenzamos a salir pocos días después…  Era bastante feliz con ella. Nunca pensé en “¿qué estoy haciendo?”, sólo lo disfrutaba y ya. Un buen día quise contarle a mi mamá lo que estaba sintiendo, (mala idea) ella no entendió… me preguntó: ¿Qué es lo que te gusta de ella? ¿Cómo sabes qué es? Le respondí que sus manos, su forma de ser, su olor… y que me sentía bien. Ella no coincidió en nada, y trató de hacerme cambiar de opinión. Ya saben, cosas de Adán y Eva…

Recuerdo que todo era complicado, no sentía que pudiera compartirlo con alguien más. Cuando llegábamos a salir y nos tomábamos de la mano, nos solían gritar cosas en la calle. Era un poco extraño. Y si mi mamá no entendía eso, ¿quién más podría?

Una noche mi papá me llevaba a casa de mi mamá… y poco antes de llegar, se orilló… y me dijo:

Dani, si tu estás bien, yo también (Hasta aquí no sabía a qué se refería). Lo que quiero es que estés feliz. Y no importa con quién (Aquí ya tenía una idea de lo que hablaba). Sí es él o ella es lo de menos (Aquí me puse a llorar). Yo te apoyo y cuenta conmigo, sólo un favor; “No se las bajes a tus hermanos” (Reí y lloré).

Es triste pero nunca había sentido a mi papá tan cerca como en ese momento, lo abracé y le agradecí. Me sentí IMPARABLE, ACEPTADA, y la confusión se fue… Hubieron varias veces que mi papá nos fue a dejar al cine, fue por nosotras y luego me acompañaba a dejar a mi novia. Se convirtió en el mejor cómplice. En alguna otra ocasión le presenté a una posible candidata, alguna vez me dijo… como que está medio Federica, pero son tus gustos.

Pasó el tiempo, y nuevamente estábamos en su auto, me llevaba a terapia… el semáforo estaba en rojo, nos detuvimos, me miró y me dijo: El peor de los casos es que le tiraras a ambos lados, le sonreí. Enmudeció un momento y después dijo: bueno, lo importante es que estés bien. Reímos.

Es así como mi papá me ayudó a salir del closet en el que no sabía que vivía.

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El amor es amor, y como alguna vez escribí en twitter:

“El único amor que debería ser ilegal es el de dos personas que no se amen”.

 

 

La ciudad y su tiempo.

He notado que vivir en la Ciudad de México implica muchas cosas, y una de ellas y muy importante para mi, es “el tiempo”… Los que vivimos aquí decimos: “Sin tráfico llego en 15 minutos, con tráfico en 45 minutos.” No medimos la distancia por kilómetros, sino por la cantidad de autos que hay. Y siempre cambia, creemos que sabremos cómo estará el tránsito… decimos: “Es viernes y quincena, mejor saldré más tarde para evitar el tráfico”… ó “vamos por un café, en lo que baja el tráfico” . El salir con alguien se vuelve complicado, y más si esa persona vive del otro lado de la ciudad… Supongo que si logran verse dos veces por semana, sin tomar en cuenta el fin de semana, tienen DEMASIADAS ganas de verse; y es que ¿Quién quiere manejar 2 horas y media para estar 1 hr con esa persona y regresarse a dormir porqué al día siguiente debe levantarse temprano porque su trabajo tampoco le queda cerca de casa? (Ya sé, a mi también me sorprendió el tamaño de mi pregunta)

Hablando con un amigo, alguna vez me dijo: “Mi límite para salir con una chica, es la Narvarte.” Yo nunca había establecido algún límite… Y es que sí… vivir en la CDMX te cambia, le das valor a ciertas cosas más que a otras. Y bueno… si van a buscarme o hacen lo posible por verme SOY FELIZ.

Al final lo importante es la manera en que decides vivir aquí; la forma en que te adaptas y haces que las cosas sucedan, no importando si es viernes de puente, viernes de quincena, hora de la entrada al colegio de los niños.

Uno termina entrando al gimnasio cerca de su trabajo, porque es la mejor forma de “hacer tiempo”, para que cuando salga sea más sencillo llegar a casa, aprovechar esas dos horas que hubiera hecho si hubieras salido a las 6pm, y únicamente hacer 20 minutos ya que todo medio fluyó. Uno se vuelve experto en improvisación.

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El amor en los tiempos del tráfico, complicado. ¿No?

Las cosas que no te dije.

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Me pediste que no publicara nada sobre ti en ninguna de mis redes sociales, lo sé. Pero esta es la única forma que tengo de comunicarme… así es, así soy.

Tenía la necesidad de escribir sobre ti, desde hace días. Y no había logrado escribir nada.

Quiero agradecerte, cada uno de los cafés que me preparaste por la mañana, y el sobrecito de splenda que usaste. Cada una de las canciones que bailaste como loco, y me forzaste a bailar… por las caras que hacías, y la manera tan peculiar de imitarme. Gracias por probar mi paciencia cientos de veces… Por insistir en vernos… por proponer plan tras plan, para conseguir vernos… por esas madrugadas en que llegabas a mi casa después de haber salido con tus amigos. Agradezco la vez que fuiste a mi departamento porque querías verme, y no salí, porque me quedé perdidamente dormida. Gracias por no dejarme ir…

Gracias por nunca marcar “tu territorio”, cuando estabas conmigo. Agradezco tu seguridad, y tus críticas… Agradezco sentir que aprendías muchísimo conmigo. Gracias por respirar y contar hasta 10 con mis indecisiones. Agradezco que siempre me hayas escrito… por preocuparte por mi. Gracias por lavar mi toalla… por doblar mi ropa, y abotonar mis camisas. Gracias por soportar mis ronquidos esas veces… Por dejarme sentir mejor acostada en tu cama. Gracias por la confianza…

Gracias por dejarme ser, por soltarme a pesar de no querer hacerlo…

Creo que hasta agradezco tus celos… y comentarios “ardidos” ( como dices tú)… Gracias por adoptar a mi hija como tuya. Gracias por no perder la esperanza en que algún día me gustarían los huevos, de alguna manera.

Gracias porque contigo no importaba qué hora era para hacer algo, o para vernos. Gracias por cargarme…gracias por descubrir mis sorpresas a destiempo… Por los ataques de risa… y por esa pelea que tuvimos de cosquillas. Nunca lo dije, creo… pero te admiro… admiro ese corazón que tienes… que escondes siendo burlón, y criticón, ¡Ya sé! ¡Eres periodista! ¡Así eres!

Gracias, gracias, gracias.

Disculpa que te escriba esto, aquí.

Te recordaré, siempre. ¡Vuela alto!

Escribir

Todo ha sucedido, y lo más extraño es que la vida me ha movido… así con pocos días y sin mucho avisar… sin tiempo de racionar el cómo hacerlo. Todo va rápido… De pronto me mudé con alguien más, encontré un lugar en donde vivir con algunas ventajas para mi vida. Y es que he tratado de verle el lado amable y cariñoso.

No estaba mal en donde estaba, salía prácticamente diario a caminar, a veces pegaba carteles en la calle, mientras escuchaba canciones en spotify, creyendo que alguien se pondría feliz al leerme. Que podría cambiarle el día a alguien… me sentía super heroína. Me llenaba de emoción pasar y ya no encontrar algunos papelitos que había pegado. Todo empezó por Fer, él tuvo la osadía de regalarme un libro llamado Guerrilla Art Kit, que tiene el poder de llenarte la cabeza de ideas, y hacerte sentir valiente; al menos así me pasó a mi.

No había tenido la oportunidad de escribir sobre mi cambio de casa, creo que me costó un poco de trabajo, aunque fluyó todo. Conocí a Luis vía Facebook, salimos por un café, nos caímos bien, y creímos que las cosas entre nosotros podrían funcionar, y nos mudamos juntos. No suelo verlo con frecuencia, nuestros horarios pocas veces coinciden, pero cuando lo hacen, nos la pasamos bromeando (luego se los presento).

Cuando creo que ya me pasaron las cosas suficientes para darme cuenta que ya soy adulto, algo nuevo pasa, que ocasiona que me de cuenta que puedo ser más adulta (no me estoy quejando, simplemente resalto que ya soy tristemente adulta, creo).

Hace unos días fue semana santa, y coincidió que tuve trabajo freelance, que fue mucho; estuve algunos días enclaustrada, tal cual. En pijama, con café en mano y trabajando…  No pude evitar sentirme sola, con un vacío, que por más que traté, no desapareció del todo. Extrañé vivir en pareja… extrañé sentirme protegida y consentida… recuerdo la sensación de seguridad que había en mi. Sentía que podría saltar de cualquier lugar y que me atraparían (eso que ahora no siento). Me sentía imparable… no sé si eso se sienta cuando te enamoras, o qué… pero así me sentía yo. Invencible y apoyada.

Decidí dejar Facebook, comenzaba a cuestionarme todo, a ver lo que los demás hacían o no hacían, a intoxicarme… a terminar con la mucha o poca salud mental que tenía. Me permití alejarme un poco. Algo en mi, dice que debo aprender a conocerme, a convivir conmigo, cuidarme. Aprender que debo recibir todo lo que doy. A ser tratada como me gusta que me traten, a aprender a distanciarme cuando lo sienta necesario sin sentirme culpable.

¿Fluir?

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Por cierto, adopté una gatita que aún no sabemos bien su nombre.

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